domingo, 17 de enero de 2016

El más grande...

Hace tiempo que quería contar este breve relato, pero siempre por una u otra cosa no lograba bajar las palabras de mi cerebro a este espacio. 
Tal vez hoy, por la situación o vaya a saber porque senti la imperiosa necesidad de hacerlo y tomarme 5 min de esta vertiginosa vida que llevamos para viajar al pasado y rememorar aquel día que ingresé a Imperio Jrs.
1990 con 10 años, 5to grado del Casilda Igarzabal de Rodriguez Peña recien mudado de colegio ya que habíamos decidido volver al barrio luego de 9 años en caballito. Mi viejo me llevó al club, en el cual se había criado pero que según sus palabras él quería que yo hiciera lo que quisiera y no lo que él me imponía, por eso anterior a dicho evento, practiqué, tenis, karate, y no se cuantas cosas más. 
Bueno… no me desvío y vuelvo al punto, aquel día sábado por la mañana se entrenaba la escuelita de Basket. 
Ingresar a Imperio por la antigua entrada donde tenía carteleras a los costados, y un decorado cuasi extinto donde uno podría haber hecho alpinismo de alto riesgo, era sensacional y las sensaciones eran al menos para mi, como viajar en un túnel hacia algo inexplicable.
Pasado el pasillo volvía el brillo que provenía de mi lado izquierdo donde el murmullo era insoslayable y el rechinar de la goma con el parquet hacia que mis entrañas se efervecieran de manera jamas antes conocida. 
Si, el gimnasio o como lo llamamos hoy cariñosamente “El Coloso de Cesar Diaz” abría sus puertas ante mi e inexplicablemente sentía una conexión o un dejabu de haber estado allí alguna vez, pues claro muy de peque mi viejo entrenaba en el club y dicen por ahí que yo corría ya con la naranja bajo la mano. Luego de este momento único en mi vida, baje la mirada y los ojos empezaron a contraerse luego del brillo que de allí provenía y tan rápido como eso paso una bala vestida de negro y blanco con la 10 en la espalda… Una pulga en ese momento, pero que derrochaba fantasía desde temprano. Ya se escuchaba murmurar a mis espaldas a gente mayor hablando del talento de ese destacado jugador, que dejaba en ridiculo a cuanto defensor osara intentar detenerlo y a la primera de cambio todo lo que hasta ese momento era lógico en la vida conocida, se derrumbo. Ese nro 10 arrodillado desde el suelo en el vértice que une la llave con la linea de los suspiros lanzó el balón y el mundo se detuvo… literalmente, esa pelota voló y voló en slowmotion para encestarse no solo en el aro que da la espalda a Magarinos cervantes sino que encesto la fantasía en mi mente de querer imitarlo y ser algún día como él… No les puedo explicar mi estupor al ver semejante maravilla desafiando cualquier ley natural entendida hasta ese momento, mi corazón y creo que el de todos los presentes estalló en fervor y alegría, eso fue lo que siempre logró dentro de una cancha de basket… El tiempo pasó y la vida me dio la posibilidad de jugar a su lado de estar con él, de viajar por el pais, de jugar en contra y siempre voy a decir lo mismo. Lo vi hacer cosas que a nadie vi hacer y por mas que digan lo que digan este pibe fue el Messi del basket, talento, visión, capacidad y todo reunido en un mismo lugar… Pero por sobre todas las cosas su condición de amigo es la virtud que mejor le queda. Carlos Denegri o Toti cuando eramos peques, gracias por tantos regalos de fantasía por tantos recuerdos y por ser mi amigo…!!! Espero de todo corazón que salga todo bien y algún día la vida nos haga compartir nuevas historias dentro de un rectangulo de madera y una pelota naranja bajo el brazo, que es él lo que siempre nos va a unir…

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